Daños colaterales

Daños colaterales

3 marzo, 2019 0 Por admin

La llegada de «Pibo», nuestro nuevo cachorro, ha traído consigo unos daños colaterales inesperados. 

A Pibo le encanta jugar. Está en esa edad en la que hay que descubrir el mundo. Todo le sorprende y le interesa y su modo de demostrarlo es mordisqueando y olisqueando a su alrededor. Lo mismo le da por agarrar una zapatilla que un hueso… o a los gatitos con los que compartía espacio. Y digo compartía, porque hartos, y supongo que asustados ante los ataques del perrito, la Charlie y sus hijitos han decidido abandonar la casa e irse a vivir a la leñera del vecino. Aun así, no se han librado de «Pibo». A veces, se lo encuentran en el campo y tienen que subirse a algún árbol para librarse de sus amenazantes juegos

Por suerte no se han ido del todo. Todos los días aparecen a por su ración de leche a la hora del desayuno y, en cuanto me sienten, se acercan a la puerta para que les de de comer. Y yo trato de mimarlos lo más posible para que vuelvan.

Espero que con el tiempo Pibo se calmará y los gatos vendrán a instalarse con nosotros. Porque la casa no es la misma sin ellos, pero, sobre todo, porque es la única manera de mantener a raya a ratas y ratones.

Nuestro cachorro tratando de jugar con un gatito

 

 

Uno de nuestros gatos comiendo