Turismo rural

Turismo rural

12 mayo, 2019 0 Por admin

 

Hay muchos turistas que se quejan de que en los pueblos hay gallos que cantan, moscas, ruido de tractores… Y lo que es peor, hay quien les hace caso y obliga a los paisanos a que cesen su actividad normal. Así ha ocurrido en Asturias donde han hecho cerrar un gallinero porque los cacareos molestaban a los huéspedes de un hotelito adyacente.

Por eso, para aquellos cuyo único contacto con el campo ha sido ver Heidi de pequeños, voy a contar lo que, de verdad, vieron Clara y la señorita Rottenmeier cuando llegaron a los Alpes. Y después que cada cual decida donde quiere pasar su tiempo libre.

Pedro  sacaba las cabras a pastar muy temprano por la mañana. A su paso por el pueblo sonaban los cencerros despertando a todos los vecinos y las calles se iban llenando de unas bolitas marronáceas que, siento tener que deciros esto, eran  de caca. 

Sin embargo no era Pedro quien despertaba a los habitantes de la cabaña de los Alpes porque para cuando él llegaba, hacía tiempo que el pajarito Pichí les había despertado con sus trinos.

Algunos días, cuando Rottenmeier salía a pasear empujando la silla de Clara, el olor de la hierba recién cortada le maravillaba. Pero en casa del abuelo olía a leña y a cabras. Y ¡qué decir de Heidi! Cuando volvía del monte, tras haber pasado todo el día con el rebaño, lo que emanaba de ella no era el sutil aroma del agua perfumada que traía el señor Sesseman de Colonia, sino un acre olor a ganado. 

Niebla, el perro, en cuanto empezaba a hacer un poquito de calor cogía pulgas. Clara tenía prohibido tocarlo. Pero esa precaución no servía de mucho. Siempre había alguna pulga viajera que prefería irse a vivir a las camas de heno que, con todo el cariño, había preparado el abuelo para sus ilustres huéspedes

Por supuesto que habían visto moscas en Frankfurt. Pero nunca tantas como cuando se sentaban a comer en la cabaña de los Alpes. Allí no podían evitar verse molestadas por el zumbido de unas cuantas que llegaban  atraídas por el olor de la comida.

Un día la señorita Rottenmeier se encontró un pequeño ratón merodeando por la cabaña. All día siguiente fue peor. Vio  una asquerosa rata que había ido a comer del forraje preparado para las cabras.

Mientras la institutriz estaba cada vez más harta de los olores, los ruidos y los «bichos» del campo, a Clara el contacto con la naturaleza le compensaba  con crees de estos pequeños inconvenientes. Porque no somos todos iguales.

Por eso, antes de decidir tu próximo destino de vacaciones piensa cual es tu caso. Si no eres como Clara, déjanos vivir y trabajar en paz y no planees unas vacaciones de turismo rural. Ciudades preciosas que visitar en el mundo las hay a miles.